ENTREVISTAS 23JBA: Roberto Soto Arranz

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¿Es la multitarea una fortaleza del bibliotecario rural o un síntoma de precariedad?

Efectivamente, la biblioteca rural suele identificarse como una biblioteca unipersonal, lo que conlleva una acumulación de tareas en el mismo profesional, que lo mismo hace fotocopias o que planifica y evalúa, por poner ejemplos extremos.

Si queremos que los usuarios rurales reciban un índice de calidad semejante al de las bibliotecas urbanas, donde es más frecuente la gestión compartida por los distintos miembros de un equipo, no tenemos más opción que hacer de todo, porque nadie va a venir a llenar nuestras lagunas. Los usuarios rurales tienen los mismos derechos que cualesquiera otros ciudadanos, y además hemos de procurar su fidelización a nuestros servicios como máximos representantes de la existencia de una necesidad bibliotecaria.

No obstante, todo ello no significa que el personal bibliotecario tenga que arrobarse la gran responsabilidad de garantizar derechos fundamentales por sí mismo, más bien ese es el papel de la institución pública de la que depende. En consecuencia, ésta tendría que apoyar las funciones bibliotecarias con recursos suficientes, y una consideración y remuneraciones consecuentes con esta multitarea, que, desgraciadamente, no es el caso más repetido.

 

¿Cómo convertir la biblioteca rural en un motor contra la exclusión financiera y digital?

La biblioteca rural, como toda biblioteca pública, es un instrumento magnífico contra todas las brechas y, por tanto, a favor de la inclusión y la igualdad. El medio rural, por sus múltiples carencias, precisa de esta actuación en mayor medida, y con más urgencia si cabe, dado el elevado índice de envejecimiento de su población, de soledad no deseada, y de desamparo digital y financiero.

Sólo el personal bibliotecario conocemos las potencialidades de la biblioteca pública en la educación digital de la población, como lo evidencia su constante exclusión en los planes y programas para reducir la brecha en habilidades digitales. En consecuencia, sin renunciar al aprovechamiento de subvenciones y de otras ayudas y programas, la biblioteca ha de contar con su propia programación al respecto en función del contexto demográfico y funcional de su comunidad. Organizar cursos, talleres, charlas, visitas de expertos, introducir el tema de forma transversal en múltiples actividades, realizar prácticas en sus instalaciones, organizar concursos de alfabetización digital,… son múltiples opciones que pueden resultar óptimas procurando siempre despertar el interés y la confianza de nuestra población.

 

¿Cuál es el límite ético del bibliotecario cuando asume funciones de otros servicios sociales inexistentes en el pueblo?

En este caso no se trata de invadir el espacio de otros profesionales, sino más bien de suplirlos cuando la población no disponga de ellos. Si la biblioteca rural es capaz de cubrir necesidades sociales con sus servicios, no hemos de renunciar a una opción que demandan las necesidades de nuestra comunidad. Éticamente estamos obligados a la optimización de los recursos puestos a nuestro alcance como personal bibliotecario, y la biblioteca rural es uno de los servicios públicos más cercanos y potentes de entre los que existen.

Salvo casos individuales, las necesidades sociales de nuestros pueblos entran en el área de acción de la biblioteca, como son las relativas a espacio público de calidad, entretenimiento, formación a lo largo de la vida, inclusión, cohesión del grupo social, o la promoción individual, tanto personal como social y laboral, de las personas.

 

¿Qué esperas de las XXIII Jornadas Bibliotecarias de Andalucía?

Una gran riqueza en el intercambio de conocimiento y habilidades, fruto de lo cual se desprenda la oportunidad para ser mejores profesionales, con mayores recursos y una motivación reforzada.

 

¿Qué opinión te merece el trabajo de la AAB en favor de la profesión?

La AAB viene demostrando décadas de dedicación al fomento de la profesión, tanto en su desarrollo interno, como en su promoción fuera del gremio. Contar con una entidad así pienso que ha sido, y sigue siendo, muy beneficioso para la profesión bibliotecaria andaluza, y también para el resto de España, aparte de ser un referente de gestión como asociación bibliotecaria.

 

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