ENTREVISTAS 23JBA: Paula de la Hoz Garrido

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¿Qué pesa más en la huella de carbono actual: el mantenimiento de los depósitos físicos o el almacenamiento en la nube?

Aquí hay muchos agentes a tener en cuenta. Pregunté a bibliotecas locales sobre los requisitos de mantenimiento de los depósitos físicos, especialmente pregunté por sistemas de seguridad o posibles sistemas de mantenimiento de temperatura y humedad para que los documentos estuviesen seguros. Tras discutirlo, llegué a la conclusión de que los recursos para mantener el depósito dependen mucho de cada espacio: de el ambiente en esa zona, el tipo de documentos, el tamaño y material del espacio… Si que se me transmitió que muchas pequeñas cosas de sostenibilidad (como la aplicación de luces LED en su momento) se han ido aplicando porque hay ayudas e interés.

Por otro lado, sobre el almacenamiento en la nube, también depende de varios factores. ¿Es una nube propia, servidores propios? ¿Es una nube contratada a terceros a la que se accede?

Para el mantenimiento de una nube hay que considerar qué tipo y cantidad de datos se mantiene. Los documentos de texto, los escaneos, las fotos, los videos… Aunque son digitales, necesitan una infraestructura electrónica para materializarse. Se tiende a pensar en lo digital como etéreo, pero al final todo eso son datos que han de tener un hueco en un ordenador de algún sitio, ya sea en un servidor propio en una habitación como en un centro de datos de terceros. Para mantener esos centros de datos se necesita, a su vez, electricidad (más que la necesaria para mantener una biblioteca), refrigeración, etc. Osea que al poner sobre la balanza los depósitos físicos vs el almacenamiento en “nube”, no debemos olvidar que la “nube” también tiene un espacio físico, pese a lo que su nombre sugiere. El  mantenimiento de un centro de datos tiene una huella de carbono más alta que el de un depósito de una biblioteca, sólo por el hecho de mantener esos servidores funcionales, pero es cierto que el porcentaje de “espacio” ocupado por los datos guardados varía dependiendo de qué tipo datos son y cuantos haya.

En resumen, es evidente que sólo por el hecho de utilizar electricidad para monitorizar y mantener a salvo el archivo físico, éste tendrá una huella de carbono, pero es mucho más fácil que la huella de carbono para el almacenamiento en la nube sea alta y, además, más opaca. Es decir, es fácil que sea alta y no se sepa, porque rastrear esa huella es más complicado. Algunas compañías que ofrecen estos servicios maquillan la huella de carbono con “acciones verdes”, pero no pueden compensarla aún así.

 

¿Existen certificaciones de eficiencia específicas para edificios?

Existen, pero que sean o no un requisito o se plantee obtenerlas es otro tema. Se me hizo saber que hay “incentivos” para mejorar la eficiencia energética de algunas bibliotecas (como lo que mencionaba de las luces LED).

 

¿Cómo equilibrar la preservación digital a largo plazo con el objetivo de emisiones netas cero?

Preservar documentos digitales a largo plazo significa que la cantidad de esos documentos irá aumentando y que el formato tiene que ser de algún modo resiliente e interpretable. Osea, no tiene sentido guardar documentos digitales en un formato que sólo puede abrirse con un programa privativo, ni tampoco un formato que requiera para usarlo una documentación opaca.

Para que un proyecto de preservación digital se mantenga vivo y sujeto a revisión en lo que a sostenibilidad tecnológica respecta, lo ideal es que utilice software y hardware libre, y sea responsabilidad de la propia organización, en este caso del entorno bibliotecario. El uso de servicios populares de terceros está sujeto a caprichos del mercado, y como cliente no tiene voz ni voto en las decisiones tomadas por ese servicio. Si de pronto deciden borrar todos los datos, al final la infraestructura es suya. Si deciden bloquear el acceso salvo pagar una cuota más alta, también. Si deciden utilizar agentes de I.A. para gestionar esos datos, la huella climática se dispara. Cuando hay soberanía sobre la tecnología, lo hay sobre los datos que se preservan y cómo son preservados. Esto requiere de personal especializado que no sólo opere, si no que documente. Documentar es algo que la gente del entorno bibliotecario tiene muy presente, incluyendo la accesibilidad/eficiencia de esa documentación. Es algo que la comunidad de software libre ha ido trabajando, también, a lo largo de muchos años.

Una vez se tiene esta infraestructura propia – mínimo servidores propios, software libre y personal especializado – que evidentemente tendrá una huella aunque sólo sea de mantenimiento, se puede empezar a hablar de formas de reducir emisiones. Se puede hablar de el uso de energía verde total o parcial, del acceso intermitente y apagar los recursos en momentos coordinados, de elegir tecnologías de software de bajo consumo frente a otras con un impacto climático importante (de nuevo como el uso de I.A. generativa), entre otras opciones.

Creo que el resumen es que mientras haya soberanía digital, habrá posibilidad de ir adaptando la tecnología necesaria para mantener los datos poco a poco. Con soberanía digital no hay opacidad ni dependencia a servicios digitales con una huella climática drástica.

 

¿Qué esperas de las XXIII Jornadas Bibliotecarias de Andalucía?

Yo vengo del entorno del software libre, que idealmente es multidisciplinar y abierto a cambiar y adaptarse a lo que necesite la sociedad para funcionar de una forma amable y sostenible.  En estas jornadas espero poder entender varias necesidades y perspectivas del entorno bibliotecario andaluz, desde el punto de vista de varias trabajadoras, con el objetivo de trasmitirlo a mis comunidades y aportar ideas sobre cómo se puede trabajar juntas por objetivos comunes. También me gustaría ser capaz de aportar mi granito de arena desde el lado técnico, comprender qué parte de la tecnología actual puede resultar más opaca o inaccesible desde el lado de las bibliotecas, y averiguar si yo puedo hacer algo al respecto para cambiarlo. Considero que las bibliotecas son un pilar de la sociedad, y que debemos hacer todo lo posible por protegerlas y mantenerlas como el refugio social y cultural que son. Un espacio seguro y transparente, también para las nuevas generaciones.

 

¿Qué opinión te merece el trabajo de la AAB en favor de la profesión?

Creo que en cualquier tipo de trabajo, asociarte con tus compañeras para tener una comunidad siempre es positivo. Abrir discusión sobre algo como la sostenibilidad y la huella climática es algo fundamental en estos tiempos, especialmente en los que la tecnología es cada vez más dañina para el medio ambiente. Plantear cuestiones, alianzas y puentes, a mi parecer, demuestra esa preocupación social que es tan necesaria. Espero que sirva para concienciar de forma interdisciplinar sobre tecnología y cultura.

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