ENTREVISTAS 23JBA: Ana Fernández

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¿Cómo puede la cooperación internacional entre bibliotecas impulsar la innovación tecnológica?

La cooperación bibliotecaria lleva décadas demostrando algo que a veces se olvida: la innovación no surge en solitario, surge cuando se comparte. Cuando miles de bibliotecas de todo el mundo contribuyen a un mismo catálogo colectivo, cada una se beneficia del trabajo de todas las demás. Ese principio, que en OCLC aplicamos desde los años setenta con WorldCat, hoy cobra una dimensión nueva: en un momento en que la inteligencia artificial y las amenazas de seguridad evolucionan a una velocidad que ninguna biblioteca puede seguir en solitario, la escala cooperativa se convierte en la mejor defensa posible. Lo que aprende una institución de la red, beneficia a todas; y lo mismo ocurre con la innovación tecnológica: los estándares compartidos, los datos comunes y la experiencia colectiva son lo que permite que un avance llegue por igual a una gran biblioteca nacional y a una biblioteca pública de un municipio pequeño. La innovación de verdad, la que perdura, nace de esa confianza compartida, no de soluciones aisladas.

 

¿Qué papel tendrán las bibliotecas en el acceso y descubrimiento del conocimiento en la era digital?

Un papel central, y diría que más necesario que nunca. Vivimos una transición del registro estático al dato vivo, de la simple colección de información a la generación de conocimiento útil para la toma de decisiones; y en ese tránsito, la calidad de los datos bibliotecarios se ha convertido en un activo estratégico. La inteligencia artificial, tal y como la conocemos hoy, tiende a confundir entidades, a repetir lo que más se repite en la web abierta; los datos curados y con autoridad, como los que sostiene la comunidad bibliotecaria a través de catálogos colectivos, son precisamente el contrapeso que necesita para ser fiable. El paso del registro de texto a los datos enlazados —de la descripción a la relación entre entidades— va a permitir que el conocimiento bibliotecario dialogue con sistemas externos sin perder autoridad ni procedencia. Las bibliotecas no van a desaparecer detrás de la tecnología: van a ser la garantía de que esa tecnología funciona bien.

 

¿Qué esperas de las XXIII Jornadas Bibliotecarias de Andalucía?

Espero, sobre todo, conversación real entre profesionales. Estas Jornadas se celebran cada dos años, y esa periodicidad bienal les da un peso especial: no es una cita más del calendario, es el momento en que el sector andaluz se para a mirar hacia dónde va. Me hace mucha ilusión participar este año en la tertulia «Biblioteca y tecnología al servicio de la sociedad», el sábado, junto a compañeros del sector empresarial, porque el lema de esta edición —»Tecnología, sostenibilidad y compromiso comunitario»— se nota en un programa que no se queda en el discurso: hay mesas sobre sostenibilidad de la IA, sobre cómo combatir la desinformación desde la biblioteca, sobre la realidad de los bibliotecarios rurales. Son debates que hay que tener con los pies en el suelo, y estas Jornadas son un lugar idóneo para ello. Espero volver de Córdoba con más preguntas que respuestas, que es siempre buena señal.

 

¿Qué opinión te merece el trabajo de la AAB en favor de la profesión?

Un trabajo admirable y, sobre todo, constante. Sostener año tras año unas Jornadas de este nivel, con un programa tan completo y con la capacidad de convocatoria que las caracteriza, exige mucho compromiso por parte de quienes forman la Asociación. La AAB ha sabido ser un punto de encuentro y de defensa de la profesión, y ha sabido abrirse a los temas que de verdad preocupan al sector en cada momento, sin quedarse atrás. Es un privilegio que estas Jornadas sigan siendo una cita ineludible para tantos bibliotecarios y bibliotecarias, y ahí el mérito es en gran parte de la AAB.

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