ENTREVISTAS 23JBA: Miguel Ángel Oliver Martínez

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¿Cómo gestionar la “fatiga digital” en equipos que deben adaptarse constantemente a nuevas herramientas?

Entiendo la fatiga digital no como una falta de disposición al cambio, sino como una señal de que la incorporación de nuevas herramientas puede superar el tiempo, la formación y los apoyos disponibles. En los últimos años, el personal bibliotecario ha tenido que adaptarse a plataformas de préstamo digital, administración electrónica, redes sociales, servicios en línea y, más recientemente, a la inteligencia artificial, estas herramientas amplían significativamente las posibilidades del servicio, pero también pueden acumular nuevas tareas y generar inseguridad o sobrecarga.

La respuesta, ante ello, no puede consistir únicamente en pedir al personal que continúe adaptándose. Es necesario seleccionar las herramientas que aporten una utilidad real y práctica, implantarlas de manera gradual, explicar su finalidad y acompañarlas de formación y apoyo técnico accesible. Para ello es imprescindible revisar los procedimientos existentes y retirar aquello que añade complejidad sin mejorar el servicio e incorporar aquellos que ayuden al profesional realizar aquellas tareas que aportan valora a sus tareas.

Esta cuestión resulta especialmente importante en bibliotecas atendidas por una sola persona o por equipos pequeños. Especialmente en estos casos, la innovación debería simplificar el trabajo rutinario automático y facilitando efectivo en aquellas tareas que repercutan en la mejora de la atención a la ciudadanía, cuidando sus necesidades y demandas. En todo caso, esta cuestión no puede plantearse trasladando la responsabilidad de la transformación digital a cada profesional.

 

¿Existe un reconocimiento real de las nuevas competencias digitales por parte de las Administraciones?

Creo que ese reconocimiento existe, pero todavía es desigual e incompleto. Las Administraciones han incorporado la digitalización, la alfabetización informacional, la administración electrónica y el acceso a servicios digitales entre sus objetivos, sin embargo, las funciones que desarrolla el personal bibliotecario han evolucionado con mayor rapidez que algunas estructuras profesionales y organizativas.

Hoy, las bibliotecas no solo facilitan el acceso a colecciones, también ayudan a utilizar servicios digitales, orientan en la búsqueda de información fiable, acompañan a personas con dificultades tecnológicas, gestionan plataformas y contribuyen a afrontar la brecha digital y la desinformación. Todo ello requiere competencias técnicas, comunicativas, pedagógicas y sociales.

El reconocimiento será más efectivo cuando estas funciones se reflejen, por las Administraciones competentes, en la definición de los puestos, los procesos selectivos, la formación, la organización del trabajo y las posibilidades de desarrollo profesional y es que no basta con incorporar nuevas tareas, es necesario proporcionar tiempo, medios y apoyo para desarrollarlas adecuadamente.

 

¿Qué papel debe jugar la AAB en la negociación de mejores condiciones para el sector?

En esta cuestión conviene diferenciar la interlocución profesional de la negociación formal de las condiciones de trabajo. La Asociación Andaluza de Bibliotecarios no sustituye a las organizaciones sindicales ni a los cauces legalmente establecidos para esa negociación.

Su papel, sin embargo, puede ser muy relevante ya que la AAB puede reunir experiencias que aparecen dispersas, documentar problemas comunes y convertirlos en diagnósticos y propuestas técnicamente fundamentadas. También puede trasladar a las Administraciones cuestiones como la insuficiencia o inestabilidad de las plantillas, la acumulación de funciones, la definición de los perfiles profesionales, las necesidades de formación o las desigualdades existentes entre territorios.

Su principal aportación consiste en hacer visible el conocimiento de la profesión ante todos los interlocutores sociales que inciden y participan de la realidad económica, social y administrativa de los bibliotecarios de Andalucía. Los estudios, informes, recomendaciones y espacios de participación pueden proporcionar una base útil tanto para la interlocución con las Administraciones como para quienes representan formalmente al personal. Además, especialmente, esa escucha debe alcanzar a quienes trabajan de manera más aislada o disponen de menos tiempo para participar.

 

¿Qué esperas de las XXIII Jornadas Bibliotecarias de Andalucía?

Espero que sean un espacio útil para compartir experiencias, contrastar preocupaciones y reforzar los vínculos entre profesionales. No se trata únicamente de conocer proyectos interesantes, sino de comprender en qué condiciones se han desarrollado y qué elementos podrían trasladarse a otras bibliotecas.

La tecnología, la sostenibilidad y el compromiso con la comunidad forman ya parte del trabajo cotidiano. Por eso, me interesa que las Jornadas permitan examinarlos desde realidades muy diferentes, prestando especial atención a las bibliotecas rurales y a los centros atendidos por una sola persona o por equipos pequeños.

También espero que podamos hablar con claridad de las condiciones necesarias para sostener los servicios, sin atribuir a una sola medida o institución la capacidad de resolver todos los problemas. Las Jornadas habrán resultado útiles si salimos de ellas con conocimiento compartido, contactos profesionales, propuestas realistas y una mayor capacidad para explicar el valor de las bibliotecas públicas y de la necesidad de seguir trabajando en la construcción y fortalecimiento de la Red de las Bibliotecas Públicas de Andalucía. Me parece muy importante poner en valor el hecho de que las bibliotecas públicas son la parte de la Administración Pública que tiene la misión social de facilitar el ejercicio de un derecho fundamental, como es el del acceso universal y gratuito al conocimiento, siendo este tipo de encuentros un foro ideal para crecer a partir de este pilar esencial que explica nuestra existencia.

 

¿Qué opinión te merece el trabajo de la AAB en favor de la profesión?

Mi valoración del trabajo de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios es muy positiva. Su continuidad en la formación, las publicaciones, las jornadas y la representación profesional ha contribuido a conectar experiencias y a mantener un espacio común para un sector caracterizado por la diversidad de centros, Administraciones y condiciones de trabajo.

Valoro especialmente su capacidad para trasladar el conocimiento profesional a los procesos de reflexión y planificación, su participación en el contraste técnico de la propuesta de estándares para los servicios bibliotecarios públicos de Andalucía es un ejemplo de cómo la experiencia de quienes conocen los centros puede ayudar a detectar errores, advertir límites y mejorar una herramienta antes de su aplicación.

Esta valoración positiva no excluye la necesidad de seguir avanzando. La AAB debe mantener una posición independiente, rigurosa e inclusiva, prestar atención a quienes tienen mayores dificultades para hacer oír su voz y continuar formulando propuestas basadas en evidencias. No puede sustituir las responsabilidades de las Administraciones ni la representación sindical, pero sí puede ayudar a que la experiencia profesional sea conocida y tenida en cuenta.

Fortalecer esa interlocución profesional contribuye también a fortalecer el sistema bibliotecario andaluz.

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